La relevancia de esta historia  en este día 2 de Abril de 2020 es su intuición de la inaudita de crisis viral que atravesamos en este planeta. El cuento fue publicado originalmente en el portal Ciudad Cultura en el año 2008. Posteriormente integró, con algunos cambios, el libro Oscura Pandemia publicado en 2018. 



Es hoy.


El voraz tranvía del tiempo pasa por los lugares de siempre.


Dos humanos bajan por la calle.


—Tú en su época lo habrías idolatrado, era un grande, inalcanzable.

—Este negocio dejó de ser lo que era, yo hasta aquí llego.


Desde un balcón, un niño los mira con prejuicio, una anciana a su lado masca el aire haciendo sonar sus pocos dientes. El tiempo parece estar hecho de frío.


—¿Puedes asegurar, Dufar, que un error cometido por una sola persona, no desencadenaría el exterminio de toda su especie?

—El proceso de extinción ya está en marcha -responde y avanza como si tuviera pequeñas alas en los pies, como esos semidioses que naufragan porque también son semihumanos. 


: Imagina esto Dufar :


El último vigilante de los más peligrosos virus del mundo, está pasando por el peor momento de su vida, roto el corazón, destrozado por la infidelidad y el mal servicio de la lavandería, llega al complejo tecnológico enfundado en su desazón y algo, cualquier cosa, le recuerda que los humanos son una plaga vanidosa, y por sólo ese microsegundo, ese espasmo irracional, aprieta el botón de "desatar exterminio" por error o venganza...


—Nadie concentra tanto poder en un sólo dedo.

—¿Pero qué sabemos nosotros de estos botones conectados a la pólvora nuclear?

—Esas son fábulas del siglo XX, por favor, no te comportes primitivo.

—¿Y si el proceso de extinción ya comenzó? como te alegras de decirme, pesimista Dufar.

—Me preocupa muy poco el destino de una sola especie, pero me pregunto con genuina duda ¿a dónde irán a parar las plantillas ortopédicas que se queden en sus cajas?

—Yo pienso más en otras pérdidas, el sudor de los amantes, el diafragma del tenor, los pescadores.

—Y las pajareras, y el cuchillo y el perfume ya usado.

—Los chistes, la inspiración, los hologramas, los recortes de periódico, las recetas… los milagros.

—El jugo de manzana artificial es quizás uno de los mejores inventos.

—¿Qué pasaría con el planeta si todos los humanos morimos de un virus que nos envenene a todos?

—Milenios de inventiva Sapiens, callados para siempre en el silencio sideral.

—Acaso las uñas de los cuerpos al sol pudriéndose no dejarían de crecer nunca.

—Es cierto, Dufar, imagino el planeta cubierto de uñas de humanos muertos, a tal punto la cantidad que circunden sus flancos terrestres en capas y capas…

—Así cuando desde un vehículo interestelar nos miren los tripulantes, a lo

lejos, se les escuchará decir:

"¡He ahí el planeta uña!"

"¿Qué habrá debajo de esa queratina fresca?" preguntará su acompañante.

"Quizá sólo más uñas… no parece relevante investigar" le responderá el líder.


Y se irán.


Una batucada que ensaya en alguna azotea los distrae por un instante. O quizá sólo los concentra, son dos cuerpos que avanzan simples y anónimos. Pero los tambores se desvanecen con efecto Doppler de la imaginación que a veces inventa tambores.


—Los bikinis, el tocino, las películas y el tren… eso extrañaría.

—¿Cómo le llamaríamos a esa galaxia sin nosotros?

— Al no estar para nombrarla, para darle un conjunto, para explicar sus confines, no habría galaxia, sólo la indiferencia cósmica hacia su propio detritus.

—Me gusta cuando te pones poético, Dufar, quizás la conciencia del final te ha vuelto sabio.

—Afortunadamente no estamos amenazados por los errores humanos en cadena, no existe tal botón, esta noche puedes dormir tranquilo… deberían preocuparte otras cosas, lo que nos mata siempre es más simple, inmediato, cotidiano. Esta idea de hecatombe es uno más de los conjuntos humanos arbitrarios, en este caso que a un mismo grupo masivo le acontezca la desgracia, una fatalidad de la especie, otro conjunto humano de alto margen de error… Y debo agregar que esas ganas necias de agruparlo todo, son lo único que nos separa de la soledad.


:Un día la belleza no existirá como palabra:


Algo en Dufar parecía estar diciendo la verdad, pero con la sensación absoluta de que la verdad es algo que desaparecerá también y pronto.

—Si el mar es peligroso, el universo debe serlo aún más.

—Seguro contiene sus propios códigos de dolor, no todo se explica con analogías.

—Si este misterio hecho de polvo astral fuera al menos como las aguas de nuestro pequeño arenero, allá afuera debe existir una cadena alimenticia, depredadores en múltiples dimensiones físicas incluso.

—¿Quiénes serán las orcas de ese mar?

—Si te lo preguntas, me parece que en ese mar serías un atún.

—Seríamos, Dufar, viles atunes galácticos.


Dejaron de hablar cuando pasaron debajo de un balcón muy viejo. Un largo ciudadano agrietado los observaba, pensando de qué manera agruparlos, evidentemente. Su mueca pareció gemir, con absoluta soberbia “Vagos” y esa palabra le bastó para dar por cerrado el conjunto.


—Lo cierto —dijo Dufar después de un rato— es que cuando estoy por empezar a hacer lo que más me gusta en este mundo, alguna fuerza externa o interna me obliga a retardarlo. Es por este motivo que vengo persiguiendo sin éxito mis sueños desde que tuve edad para el deseo.

—Demasiado humanos para acometer milagros, Dufar.

—Resignaos amigo: no hay dioses, sólo nuestro afán de no aceptar que somos una malformación genética del bios.

—Aún somos primitivos para saberlo.


Dufar mete las manos a las bolsas del abrigo y aprieta una bola de goma que suele cargar para aliviar su estrés.


Ambos caminan calle abajo.


Y si la extinción está en proceso, no volverán a verse.



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INVITACIÓN A LEER EL LIBRO

Una nube de aves de rapiña ha sido liberada. La oscuridad y la delusión se entrelazan con la temperatura de la imaginación salvaje y los sueños que se aprenden a vivir con una falta de esperanza. Cuentos retorcidos y tremendistas que se escriben con entraña y libertad. Déjese naufragar por la noche profética de su apuesta literaria.

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Arturo Ordorika

Sobre el autor

Escribo y hablo con la pasión de un poeta cuya brújula es la imaginación y las ideas. Navego en un onda irresistible de creación en movimiento. Me gusta inspirar transformaciones profundas en quienes me leen y escuchan.


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